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Cinco obras queer en la historia del arte

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  • Frida Kahlo, Autorretrato con el pelo corto (1940)

Aunque se dice a menudo, merece la pena repetirlo: Frida Kahlo fue sin duda una adelantada a su tiempo. Prueba de ello es este autorretrato de 1940, que nos ofrece uno de los primeros ejemplos reales de arte LGBT. Bajo unas líneas de texto y música, encontramos a la artista sentada en una silla, rodeada por los mechones de su pelo recién cortado. Tijeras en mano, su expresión es de serena seguridad y no de desesperación sin paliativos ante su feminidad despojada. 

Este símbolo de la feminidad, al que muchos se aferran para señalar y afirmar su género, es desechado con confianza por Frida Kahlo, que ya abraza los aspectos masculinos de sí misma a través de su elección de vestimenta. La artista defendió que todos somos portadores de cualidades masculinas y femeninas, animándonos a afrontar esta pluralidad en lugar de negarla.




  • Catherine Opie, Self-Portrait/Cutting (1993)

Catherine Opie (1961) es una fotógrafa que vive y trabaja en Los Ángeles. Su identidad como lesbiana declarada conforma su práctica artística, pero no la define. Opie ha declarado: "Soy queer y he representado a mi propia comunidad en mi trabajo, pero no creo que eso defina necesariamente mis ideas. No creo que eso las defina en absoluto. Creo que lo que define mi trabajo en realidad nos relaciona más con la identidad estadounidense menor de edad que con ser queer".

Quizá sus obras queer más impactantes hayan sido sus autorretratos: Pervert, Cutting y Nursing. Los retratos queer de Opie surgieron en una época de activismo queer sin precedentes en la esfera pública, en el contexto de la crisis del sida. La forma en que Opie presenta a los sujetos no normativos en sus propios términos, contra brillantes planos de color, es un ejemplo de visibilidad que complementa el descarado activismo cultural de aquel momento histórico.




  • Juliana Huxtable, Untitled in the Rage (Nibiru Cataclysm), 2015

Juliana Huxtable (1987) es una artista que vive y trabaja en Nueva York y aborda temas de identidad personal frente a identidad pública. Su nombre es una referencia al programa de televisión The Cosby Show y a su casa (familia queer no biológica), House of LaDosha, el colectivo artístico queer al que pertenece. 

Es DJ, poeta, pintora y fotógrafa. En su fotografía utiliza la manipulación digital, colores fantásticos y efectos de edición para parecer un avatar de Internet con un tono verde de otro mundo.

Huxtable expuso fotografías junto a sus poemas en la Trienal del New Museum de 2015, entre ellas Untitled in the Rage (Nibiru Cataclysm) de su serie Universal Crop Tops for All the Self Canonized Saints of Becoming

En ella se representa a sí misma como, en sus palabras, “una cyborg, puta, sacerdotisa, bruja, princesa nuwaubiana". Se trata de un mundo futurista en el que Huxtable se reimagina a sí misma al margen del trauma de su infancia, en la que se le asignó el género masculino y creció en un hogar baptista conservador de Texas. Las fotografías y la poesía de Huxtable ofrecen nuevas formas de pensar sobre la sexualidad y el género en términos de fluidez, más que de fijeza. 




  • Charles A. Buchel, Radclyffe Hall (1918)

Este retrato, pintado el mismo año en que se concedió por primera vez el voto a las mujeres, representa a la mujer nacida Marguerite Radclyffe Hall, que escribía como Radclyffe Hall, pero que era conocida simplemente como "John" por sus amigos íntimos y amantes. Hall es un ícono queer cuya novela, El pozode la soledad, está considerada una de las obras queer más influyentes de la literatura.

El dinero y la clase social permitieron a Hall cierta libertad: al recibir una importante herencia a los 21 años, pudo descartar la ropa femenina elegida por su madre, optando en su lugar por comprarse vestidos andróginos hechos a medida. Sus preferencias podían pasar por "excentricidad" en una sociedad que aún no tenía ideas totalmente formadas sobre las relaciones homosexuales. Hall y su amante de muchos años, Una Troubridge, podían ser, para el observador casual, simplemente amigas íntimas.

Hall fue relativamente afortunada y vivió con cierta libertad sexual y sartorial. Sin embargo, su vida no estuvo exenta de polémica. El pozo de la soledad fue objeto de un sonado juicio por obscenidad –en el que incluso Winston Churchill se sintió obligado a intervenir–, aunque las protagonistas lesbianas de la novela no hacen más que besarse.




  • John Lavery, Violet Keppel, Mrs Denys Robert Trefusis (1919) / Vanessa Bell, Virginia Woolf (c. 1912)

La famosa relación de Vita con Virginia Woolf inspiró la novela de Woolf Orlando, que el hijo de Vita describió como "la carta de amor más larga y encantadora de la literatura". Gran parte de la correspondencia entre Virginia y Vita ha sobrevivido: en una carta, Vita comienza simplemente "Me he reducido a una cosa que quiere a Virginia".

Sin embargo, el romance anterior con Violet fue igual de apasionado y tuvo lugar cuando la pareja tenía poco más de veinte años, con todo el fervor del amor juvenil. De nuevo, las cartas sobreviven, dramáticas y llenas de pasión. De Violeta a Vita –en la que Violeta utiliza el apelativo "Dmitri"–:


"¡Ebria de la belleza de Dmitri! Todo el día he estado incoherente. Te digo que tienes un esplendor bárbaro que no sólo me ha conquistado a mí, sino a todos los que te han visto. Estás hecho para conquistar, Dmitri, no para ser conquistado... Podrías tener el mundo a tus pies'.